Soy Un Zapato

 

 

 

Soy un zapato...

 

Y  las cosas que he visto!  He visitado muchos lugares en mi vida como un zapato. Quiero contar mi historia.

 

Fui hizo de cuero por un zapatero en el pueblo de Mexicali, en la nación de México.  Aunque fui hecho por el zapatero, pienso que mi padre en realidad fue el toro de que mi cuero vino.  Fui huérfano desde antes de mi construcción, porque mi padre se perdió su vida en la plaza de toros.  Pero tengo a un hermano, el otro zapato del par,  como mi compañero. No he sido solitario.

 

El zapatero me cosió con una aguja e hilo fuerte de algodón, con cuidado y orgullo en su trabajo.  ¡Ah, pero fui un zapato guapo en mi juventud!  Tuve una lengua muy atractiva, un tinte marrón magnífico, y una suela hizo de cinco capas del cuero.  Y casi antes que el zapatero podría completar mi construcción, un hombre había comprado los dos zapatos, yo y mi compañero.

 

Durante mis días tempranos, fui solamente a la iglesia cada domingo.  Pero, entonces vinieron muchos problemas -- mi dueño tuvo que ganar dinero para sostener su familia, y fue muy pobre --  mis viajes comenzaron.

 

Por mi primer viaje, fui de Mexicali a Calexico, en el estado de California, EE.UU.  Estaba protegiendo los pies de mi dueño todos los días mientras caminó a cruzar la frontera.  Entonces, él trabajabó en los campos para unos estancieros como un cosechador.  Después, cuando la cosecha estuvo completa, otra vez caminamos, esta vez muy lejos al norte,  a través de Oregon, Washington y Canadá.  En aquellos lugares, mi dueño cosechó más legumbres y frutas, mientras día por día, mi cuero pareció menos brillante y mi suela llegó a ser más fino.

 

Cuando toda la cosecha por aquel año estuvo completa, envolví otra vez los pies de mi dueño y regresamos al sur.  Caminamos al este a Arizona para trabajar en los huertos de naranjas antes regresando a Mexicali.  Por supuesto, por entonces  el tinte de mi cuero hubo marcado y tuvo rayas.  Mi brillo hubo desaparecido completamente.

 

Hubieron veces cuando mi dueño fue llevado en coche a un campo o otro, pero la mayoría del tiempo, anduvimos.  Por muchos años, viajamos al norte y al sur, siguiendo las cosechas.  El trabajo estuvo difícil para mi dueño de cuando en cuando.  Usualmente, los días estuvieron los mismos -- un pie enfrente del otro, y entonces nos zapatos,  cansamos, descansamos por las noches.

 

Caminamos tantas millas --  tantas que no puedo contarlas.  Hoy en día, vivo con mi hermano en un armario, pero pienso que mi tiempo corre corto.  Echo de menos las veces cuando, aunque sucio y cubrió de lodo, vi el mundo desde el camino que me atreví, paso a paso.  Pero la verdad es que mi suela tiene muchos agujeros; el cuero por arriba  está gastado y no puedo ser cómodo por la pie de mi dueño.  ¡Ay de mi!  He llegado a ser demasiado viejo, y mi vida como un zapato se acaba.

 

 

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